domingo, 3 de febrero de 2013

KEDI EL GATO

No recuerdo muy bien cómo llegó el gatito a casa de tus padres. Tenían un amigo turco, es posible que lo trajera él pues lo llamaron Kedi, gato en turco. Acababan de moverse a un piso minúsculo que tu madre, con pocos medios y mucho gusto, logró convertir en una verdadera "casa de muñecas".

Nos enamoramos todos de Kedi, una pelotita de pelaje totalmente negro con reflejos azulados que cabía en el hueco de la mano. No, no, tú no lo conociste, fue mucho antes de que nacieras.Era demasiado joven para estar separado de su madre, y eso, más tarde, tendría consecuencias.

Tu mamá lo alimentaba con un biberón de muñecas que me hizo sacar de una caja de juguetes aparcada en el sótano. Los dos se entendían de maravilla. Él la seguía a todas partes como un perrito. Cuando ella iba al baño, él también iba directamente a su caja de arenilla para hacer sus necesidades. Cuando ella bebía en la cocina, él también hacía ademán de lamer el agua de su escudilla. Lo más gracioso era cuando ella tomaba un baño, él maullaba y se quejaba hasta que ella lo levantaba y lo ponía en el borde de la bañera. En casa de tus padres las moscas eran efímeras. Si por desgracia una mosca entraba en el piso, no duraba mucho. Kedi la cazaba y deponía cuidadosamente aquel preciado botín al lado de tu madre en cualquier sitio en el que ella se encontraba : sobre la cama, sobre el sofá, sobre la mesa del desayuno ( muy apetitoso ).

Adorable el gatito ¿verdad? ; hasta que se hizo adulto y se volvió loco.

Estaba admirando sus bellos ojos verdes cuando de repente empezó a bufar, a gruñir, a enseñar los colmillos, a punto de saltarme encima.
-" Pero qué le pasa ?" le pregunté a tu madre.
-" Odia que lo miren fijamente a los ojos. "
Ningún hombre podía pasar el umbral del piso sin que el gato lo agrediera. Hasta tu padre fue arañado varias veces al volver a casa. ¿ Qué hacer ? Nada que hacer, hay que castrarlo. Todas las mujeres de la familia estuvieron de acuerdo, los hombres mucho menos. Aun así tu abuelo fue quien pagó la operación. Ahora los hombres estaban a salvo pero la " casa de muñecas " no. El gato estaba cada día un poco  más chalado. Arañaba las paredes, las puertas, el sofá. Saltaba sobre los muebles, tirando las alhajas, las fotos, los floreros. Cada vez que tu madre volvía del curro, el caos sísmico le daba un ataque. ¿ Qué hacer ? Ni hablar de colocar la " bestia negra " a otros, a una APA menos todavía.
- " Ya sé ", dijo tu tía abuela que tenía un caballo en una cuadra alquilada en un club de equitación cerca de Duseldorf.  "Allí hay un montón de gatos y ningún ratón. Seguro que a la dueña no le importará un gato más.

Y así fue cómo se llevaron a Kedi al campo. Tu madre llorando, tu padre aliviado. ¿ El gato ? Ni siquiera se dio la vuelta para despedirse, el muy ingrato. Fue directamente hacia los demás felinos que justamente se encontraban comiendo. Amistosamente compartieron la comida con él sin remilgos.

Y si es verdad que los gatos tienen siete vidas, entonces allí está Kedi todavía en las cuadras, ocupado en cazar los ratones. Mejor que las moscas, ¿no ?

12 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Vaya con Kedi. Y la castración no funcionó del todo, por lo que cuentas. En fin, yo siempre he desconfiado un poco de los gatos, tan suyos.

Grillo dijo...

Ya era hora de que publicaras un post. Gracias chica.

Qué intrigante el post y el raro mundo de los gatos. Me ha gustado mucho - poco tiene que ver mi gusto con el hecho de que por nuestra amistad soy tu fan desde hace muchísimo. Si no me gustase o no lo entendiese te lo diría claramente con el mismo cariño.

Permite que te felicite por tu 'castellano', la redacción, los acentos y la puntuación. Recordaré a los demás que el español no es el idioma materno de C.C. y que maneja mejor el francés, el alemán y el inglés. Incluso has conseguido que lo hable de corrido tu marido, que parecía sentirse satisfecho y 'abastante' con su purísimo alemán y su fluído inglés.

Yo personalmente, conociéndote, sé que la narración se la estás dirigiendo a tu monísima nieta.

Grillo

Ātman dijo...

Complicando más la intriga: ¿Y si el gato hubiera recibido algún maltrato? Si como dice Grillo te diriges a tu nieta y en el supuesto de que su mamá sea tu hija: tu yerno se convertiría en el principal sospechoso. Es una hipótesis a tener en cuenta, ya que es muy raro que un animal tan cariñoso cambie tan radicalmente sin existir algún motivo, y la explicación que nos das al principio: “Era demasiado joven para estar separado de su madre, y eso, más tarde, tendría consecuencias.” la verdad, no me convence.
Un abrazo

C.C. dijo...

Miroslav, yo creo que la castración le quito los celos. Luego está también el problema de los animales encerrados en pisos, sin por lo menos un trocito de jardín. Yo, en el lugar de Kedi, seguro que me habría vuelto loca.

Gracias, Grillo. No estaba muy segura de cómo recibiría el lector la combinación primera persona narrativa / tercera persona destinataria . Como una carta, más o menos . Pensé que podría ser irritante pero me gustó mucho la idea.

Atman, te honra que quieras defender al gato. Yo no tengo porqué , puesto que él ya no es mi yerno, pero lo defenderé. No sé nada de gatos, sólo sé que muchas veces cuando un animal no está destetado como Dios manda, el peligro de secuelas tanto físicas como mentales es muy alto. También sé que mi ex yerno es incapaz de dañar a un animal. Como le digo a Miroslav puede ser la isolación. O a lo mejor a los gatos les gusta saltar y arañar por todas partes, y los locos somos nosotros, los humanos, que los tenemos encerrados. Vete a saber.

Vanbrugh dijo...

Me alegro de que hayas vuelto a publicar, y me ha encantado la historia del gato. No sé gran cosa de gatos, pero me inclino a pensar, como tú, que lo único que le pasaba a Kedi es que estaba un poco más cuerdo, no más loco, que sus colegas que aceptan mansamente la vida doméstica.

C.C. dijo...

Gracias, Vanbrugh.

Todavía estoy leyendo tu último post sobre tu abuelo, el organista, yendo de un enlace al otro. Muy interesante.

Emma dijo...

A mi me fascinan los felinos, son tan expresivos : Una mirada suya y ya sabes si te están diciendo que no te acerques, o si están deseando jugar o si, sencillamente, te ignoran.
Son seres como de otro mundo, con esos ojos resplandecientes y las patitas tan suaves y, al mismo tiempo, peligrosas si sacan repentinamente las uñas.
"Dios hizo al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre"
Se nota que Kedi fue un gato excepcional.

Antonio de Castro dijo...

Parece un relato de Edgar Alan Poe con final feliz, ya que el gato acabó encontrado un lugar donde estaba a gusto, de lo que me alegro. Nunca he tenido gatos, pero en Galicia tenemos una finca grande donde siempre ha habido perros de todas las razas, colores, tamaños y personalidades imaginables, y he presenciado y he tenido que mediar en todo tipo de conflictos, y es que los perros hilan muy fino.
Bonita narración en segunda persona, más aun si, como dice Grillo, el castellano no es tu lengua materna.
Un saludo.

C.C. dijo...

Sí que lo fue, Emma, aunque a mí me gusta más el tigre. Para mí es, si no de todos los animales, por lo menos de todos los mamíferos el más bello.

Relato verídico, Antonio, hasta el final. Acabas de hacerme recordar a nuestras dos perritas salchichas, en tiempos lejanos, que se las arreglaban para asediar al gato de la vecina cuando éste entraba en nuestro jardín. Había que ir a rescatarlo porque con sólo llamar y amenazar no había manera de que levantaran el asedio.

Y no sabéis cuánto quiero a Grillo cuando me alaba aunque sé exactamente que exagera.

David García A. dijo...

Hola CC. ¡qué gusto comunicarme contigo!
Afortunado Kedi que encontró una mano sabia que lo puso en un lugar para el idílicamente apacible.

Desde hace varios años, aparte de perros, también convivo con gatos. He tenido con ellos encuentros, los más, y desencuentros, los menos. Me acuerdo ahorita de una anécdota, a propos de tu blog. En una ocasión me llama una persona para solicitar de urgencia mis servicios como abogado, para cuyos efectos debía yo trasladarme a cierta oficina judicial; le digo a esa persona que en ese momento no tengo a la mano mi libro con el texto jurídico necesario para exponer a la autoridad mis argumentos; esa persona me dice que ella tiene ese libro y que me lo puede facilitar, incluso por varios días; ya en el entendido de que yo contaba con el susodicho libro y habiendo fijado el costo de los honorarios tomo el asunto y me avoco a su solución; cerrado el caso me olvido de devolver el libro a mi cliente y el se olvida, de momento, pedírmelo; pasados unos días esa persona me llama y me pide que por favor le devuelva su libro, y hacemos una cita para tal fin; poco antes de la hora fijada busco en mi casa el tal libro jurídico entre otros muchos dispersos en un escritorio, una mesa y diversas sillas y, lo encuentro, pero no precisamente en un estado óptimo como para ser devuelto a una persona razonablemente escrupulosa con sus pertenencias, como a leguas se veía que era el dueño del libro; resulta que al momento de encontrar el libro lo encuentro empapado con una fresca orinada de mi gato no castrado, tanto que al coger el libro con la mano y levantarlo se desprende un pequeño chorro; lo peor es que los pliegos de la hojas estaban penetrados por el orín hasta el fondo, por donde se unen en la parte del lomo; digo ¡maldita mala suerte! ¿por qué habiendo tantísimos libros se le ha ocurrido precisamente al gato orinar este, el que en unos momentos tengo que entregar?; me saca de estas molestas reflexiones el timbre del teléfono, es el dueño del libro que me dice que ya está afuera de mi domicilio en espera; me armó lo mayormente posible de serenidad y salgo sin el libro; saludo a la persona y le pido una disculpa bajo el invento de que no había podido encontrar el ejemplar del libro, que lo seguiría buscando hasta encontrarlo (cosa muy difícil pues además se trataba de una edición muy rara como para remplazarlo fácilmente); la persona explota y con gesto hosco y ademanes poco amables me dice que mejor yo debería ser claro y decirle abiertamente que quería quedarme con la propiedad de su libro y, a continuación, se aleja farfullando palabras ininteligibles, y yo me quedó allí todavía un rato como petrificado y poseído completamente por una sensación muy amarga.

Un abrazo.

C.C. dijo...

Hola David,

Tantos meses sin leerte. Qué bueno verte por aquí de nuevo. Aunque tenga mi blog muy abandonado, no falto en mirar qué hacen mis preferidos. De esa manera vi tu comentario y ahora iré a ver si tú has publicado algo nuevo.

La anécdota con el libro y el gato es muy buena. Yo, en tu lugar la colgaría en tu blog. Acerca de tu gato se me ocurre lo siguiente :
1)el libro olía a macho ajeno a su territorio,
2)el libro olía a la "mala leche" (como dicen aquí) de tu cliente, por lo tanto había que taparla con mejor aroma,
3)el cliente no creyó tus mentiras, prueba de que tú no sabes mentir. 1 punto a tu favor.

Abrazo de vuelta.

David García A. dijo...

C.C., muchas gracias, si, lo voy a colgar en mi blog con un final verídico al que arribo a partir de tus reflexiones, en especial la del punto 1).
Saludos con otro abrazo.